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Estilos de liderazgo empresarial
Diez estilos de liderazgo, con sus ventajas y sus inconvenientes. Y, sobre todo, el tipo de trabajo en el que encaja cada uno.

No hay un estilo que sirva para todo. Estos son los estilos de liderazgo más populares y que más se fomentan en las organizaciones empresariales, y dónde funciona cada uno.
El liderazgo autocrático
Empezamos por el más radical. En los estilos de liderazgo autocráticos, el líder tiene el poder total sobre los trabajadores o equipos de trabajo. Sus miembros tienen pocas oportunidades de dar su opinión o hacer sugerencias, aunque estas puedan mejorar el sistema de trabajo o la organización de la empresa. Muchos empleados se sienten mal con este sistema, y el liderazgo autocrático provoca muchas ausencias y mucha rotación de personal. Aun así, es un sistema útil para ciertos trabajos que no requieren cualificación, porque permite un mayor control sin que sus desventajas afecten en exceso.
El liderazgo burocrático
¿Conoces a alguien que jamás se salta una norma? Así son los líderes burocráticos: se preocupan única y exclusivamente de seguir el manual de normas dictado por la empresa. Siguen las reglas rigurosamente y se aseguran de que todos los trabajadores a su cargo cumplan esas instrucciones al pie de la letra.
¿Dónde brillan? En trabajos con alto riesgo de seguridad, donde saltarse una norma puede provocar un accidente, como trabajar con sustancias tóxicas o maquinaria peligrosa. También funcionan muy bien en organizaciones donde están en juego sumas muy grandes de dinero.
El liderazgo carismático
Contagian alegría y entusiasmo: los líderes carismáticos tienen mucha energía para motivar a los equipos de trabajo. ¿El problema? El mayor defecto de muchos de ellos es que son algo narcisistas y creen más en sí mismos que en el potencial de los demás, lo que a la larga genera ciertos problemas. Si este tipo de líder se va del proyecto o de la empresa, su ausencia suele afectar mucho al equipo, porque sus miembros creen que el éxito está totalmente ligado a él.
El liderazgo participativo o democrático
En el liderazgo democrático, el líder toma la decisión final. Pero antes escucha: los demás responsables y miembros del equipo también pueden dar su opinión, que se tiene en cuenta antes de decidir. Este líder fomenta siempre la participación y crea un ambiente agradable, en el que cualquier persona del equipo se siente útil y motivada, e incluso desarrolla nuevas habilidades con el paso del tiempo. Estos líderes consiguen que sus equipos estén motivados para trabajar duro, incluso por encima de la recompensa económica. Es uno de los sistemas que mejores resultados da. Su único inconveniente es que lograr una participación global en la que se respeten todas las opiniones lleva su tiempo. Es muy efectivo cuando prima más la calidad que la productividad.
El liderazgo «déjalo ser»
Los líderes laissez-faire («déjalo ser») son, como indica su nombre, los que dejan a sus equipos trabajar por su cuenta y tomar sus propias decisiones. Este sistema es efectivo siempre que haya un control por parte del líder y una comunicación fluida y regular con su equipo. Pero ojo: solo funciona cuando los miembros del equipo tienen mucha experiencia e iniciativa propia, y están habituados a trabajar en equipo.
El liderazgo orientado a las personas
Los estilos de liderazgo orientados a las personas se centran por completo en dar apoyo, organización y desarrollo a los equipos. Son líderes que dejan participar a sus miembros y favorecen que el equipo desarrolle su creatividad de forma colaborativa. En este sistema se combina el liderazgo orientado a las tareas con el orientado a las personas.
El liderazgo natural
El líder natural es quien organiza al equipo sin estar reconocido oficialmente como líder. Cuando una persona del equipo acaba liderando por las circunstancias de la organización, se la reconoce como líder natural. Es un tipo de liderazgo en el que el equipo participa activamente en todas las decisiones. No es muy habitual que las organizaciones acepten a este tipo de líderes: normalmente prefieren poner al frente a una persona elegida por la propia empresa para unos fines concretos y, así, tener un mejor control del entorno laboral.
El liderazgo orientado a la tarea
Para ellos solo cuenta una cosa: que todos los trabajos estén terminados. Los líderes orientados a la tarea suelen ser algo autocráticos. Son muy buenos para planificar, organizar, controlar y definir las pautas a seguir para producir lo más rápido posible. Lo malo es que centran toda su atención en el trabajo y no en el bienestar de los empleados, por lo que siempre hay problemas de motivación, que provocan bajas y mal ambiente laboral.
El liderazgo transaccional
En el liderazgo transaccional, las personas del equipo aceptan obedecer totalmente a su líder a cambio de su trabajo. Este tipo de líder puede penalizar a los empleados que no realicen correctamente sus tareas, y lo único que busca es que se ejecuten a muy corto plazo.
El liderazgo transformacional
La mayoría de los estudiosos del liderazgo consideran a los líderes transformacionales los verdaderos líderes de las organizaciones. Siempre transmiten optimismo y entusiasmo a sus equipos, y necesitan sentir el apoyo del grupo, sobre todo de sus personas de confianza. Muchas organizaciones empresariales funcionan a la vez con liderazgo transformacional y transaccional: los líderes transaccionales controlan que en todo momento se cumplan de forma eficaz las rutinas asignadas, y los transformacionales buscan nuevas ideas e iniciativas para aportar valor a la organización.
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